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Capítulo 10

TENER UNA MIRADA FRANCA

"Por eso procuro siempre tener limpio mi conciencia delante de Dios y de los hombres"

Hechos 24:16

 

El apóstol Pablo cuando fue invitado a defenderse ante el gobernador Félix, explicó el porqué de su comportamiento desde que se encontró con Jesús en el camino a Damasco. La expresión. La expresión que usó sirvió de base para esta parte de la Ley del Menor. Dice él: "Por eso procuro siempre tener limpia mi conciencia delante de Dios y de los hombres" (Hechos 24:16). Salomón, el hombre sabio, dijo: "Tus ojos miren lo recto y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante"(Prov. 4:25) Mirar derecho o recto es un deber para los muchachos y las chicas. El joven que tiene una conciencia culpable no debería mirar a los ojos de su madre o de cualquier otra persona.

Aunque estos dos versículos usan palabras diferentes, ambos expresan el mismo pensamiento, tanto que los menores de lengua inglesa, en vez de prometer "mantener la conciencia limpia" o "tener una mirada franca", prometen "mirar derecho"(Keep a level eye). Después de todo, solo quien mantiene una conciencia limpia puede mirar directamente a los ojos de cualquier persona. Los demás no pueden hacerlo, sencillamente no son capaces.

Los ojos son las ventanas del alma. Es verdad que ves el mundo a través de los ojos, pero, también es verdad que el mundo ve lo que hay dentro de ti a través de las mismas ventanas.

Un día cuando el sol estaba todavía bien alto, se produjo un robo en un banco cercano a mi trabajo y los policías, junto con el jefe de nuestra oficina, recorrieron todos los escritorios preguntando a los oficinistas si habían esta en el banco, o cerca, más o menor a las 1:30 de la tarde. "¿Vio algún sospechoso?", preguntaban. Cuando llegaron a mi escritorio me preguntaron: "¿Dónde estaba usted a las 1:30 pm.?"

Me sentí bien cuando pude responder que en aquella hora , estaba en el edificio trabajando en mi oficina. No había sospechado de mí la pregunta era apenas de rutina. Sin embargo quedé pensando: ¿Y si no hubiera estado en la oficina? ¡Tendría, entonces que contar exactamente dónde había estado!.

Supongamos que hubiera participado de aquel crimen. ¿Sería, entonces, capaz de fijar mis ojos directamente en los de los policías, tratando de decir que tenía mi conciencia limpia? ¡Nunca! Mi propia culpa me hubiera traicionado.

Lo que voy a contar ahora sucedió en una víspera del Día de Todos los Santos. En los EEUU, se acostumbraba festejar la noche del 31 de octubre , víspera de todos los santos, con humoradas de diferentes tipos, basadas generalmente en supersticiones. Aquel día dos alumnos resolvieron hacer una travesura. Sin decir nada a nadie, salieron del internado en punta de pies, fueron hasta el establo del colegio, ataron una vaca por los cuernos y se la llevaron, junto con una brazada de paja, al edificio de clases. La dejaron en el aula de la profesora de inglés, la señora Jones. Aunque hacían todo silenciosamente, les fue imposible resistir una sonrisita de satisfacción pensando en la broma. "Va ser divertido", pensaban ellos. Esparcieron la paja por el suelo, ataron la vaca al escritorio, y se fueron pensando en lo sorprendidos ojos de la profesora, a la mañana siguiente, encontraron su sala transformada en un establo.

Bueno, los muchachos no quedaron chasqueados, porque la profesora gritó realmente de susto cuando entró en la sala. Y no era para menos. La vaca había hecho una confusión enorme durante la noche. Cuando el director les preguntó a los dos muchachos si sabían algo acerca de aquel chiste, uno de ellos confesó francamente que había sido idea suya y el otro reconoció su participación.

Aunque no había cometido un crimen propiamente dicho, la broma estaba fuera de lugar, ¿verdad? Deberían haber dejado la vaca en el establo., porque el lugar de la vaca no era el aula. Fue sin duda un gran error, pero fueron lo suficiente hombres para reconocerlo, al ser interrogados, su mala conducta. Ningún muchacho ni señorita que miente puede quedar con la conciencia limpia y mirar directamente, no importa que sus faltas sean pequeñas o grandes. Mentir es una violación del noveno mandamiento que dice: "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio".

La Biblia habla mucho acerca del falso testimonio, veamos algunos ejemplos: Abraham dio un falso testimonio cuando le dijo a Abimelec, un rey pagano, que su esposa Sara era su hermana. Eso era en parte verdad, porque Sara era su media hermana, hija de su padre, pero no de su madre. Pero Abraham debería haber reconocido que también era su esposa. Y por causa de su mentira casi perdió a su hermosa esposa y su propia vida. La intervención milagrosa de Dios los salvó. Las medias verdades son generalmente peores que ninguna verdad porque engañan con más facilidad y solo sirven para aumentar la confusión.

Cuando David huía del Rey Saúl se refugió en el territorio controlado por Aquis, el rey de Gad. El rey filisteo lo reconoció y decidió ejecutarlo. Entonces David resolvió fingirse loco, mentira que pronunció no con palabras sino con sus acciones. Sin duda había combatido contra ese rey mas de una vez, pero ahora daba un espectáculo deplorable, dejaba caer la saliva por su barba y escribía en las puertas como un demente, todo para dar la impresión de que había perdido , realmente, el juicio. Solo la misericordia de dios lo libró de aquella situación. Por lo tanto, como sabes muy bien también es posible mentir con la mirada, con el gesto de la mano o con la expresión del rostro, etc. Usar cualquier recurso para dar un falso testimonio es ofender a Dios y de eso no se librarán ni personas como Abraham y David.

La Biblia no aprueba las medidas falsas y las balanzas engañosas (Prov. 11:1). Supón que ya tienes edad para dirigir una tienda. Mides las telas con una vara o una regla, que tiene un metro. Tu padre usa esa misma vara en la tienda durante muchos años. Y midió honestamente metro tras metro de tela con esa vara. Pero un día decides compararla con otra vara y descubres que es dos centímetros mas corta. ¿ Qué harás ahora, después de ese descubrimiento? ¿Continuarás usando el mismo metro falso, o lo pondrás de lado, cambiándolo por otro que sea exacto? Es muy posible que te sientas tentado a razonar de la siguiente manera: "Bueno, mi padre siempre fue honesto y usó esta misma vara ¿Por qué no puedo continuar usándola yo?" ¿Qué piensas de eso? Si eres realmente honesto, ¿no deberías cambiar esa regla por otra exacta? El conocimiento trae consigo la responsabilidad. Ser una persona responsable es mantener la conciencia limpia.

El pecado comienza con la codicia, es decir, con el deseo de poseer algo que no nos pertenece, o algo que no deberíamos tener. El apóstol Pablo nos advierte al decir que la codicia es la raíz de todos los males (1 Tim 6:10) , es decir que el amor al dinero lleva a la práctica del mal. Por ejemplo, un muchacho admiraba la reluciente bicicleta de un compañero y comienza a pensar: "¡Me gustaría tener una igual!" En ves de expulsar ese pensamiento de la cabeza y pensar en todo lo honesto y en todo lo bueno comienza a acariciarlo. De esa manera, ese pensamiento va tomando cada vez mayores proporciones y tornándose cada vez más intenso,, hasta 2ue conseguir la bicicleta llaga a ser un verdadera obsesión.

Entonces, en ese estado de espíritu, recuerda que José, el dueño de la bicicleta, acostumbra dejarla en el patio de la escuela sin candado y resuelve tomarla furtivamente y llevarla a su propia casa y después de faltar a una clase, regresar a la siguiente. Deja la bicicleta en el garaje, con la esperanza de que nadie lo haya visto. Dios sin embardo, vio todo y ¡un vecino también! La primera vez que el ladrón de la bicicleta aparece en la calle con ella, el vecino le pregunta: "Así que tienes una hermosa bicicleta nueva, ¿verdad?" "Sí", responde el muchacho, e inventa una historia cualquiera para explicar la posición indebida. Ahora sus dificultades son mayores y ¿cómo podrá salir del problema? ¿Podría mirar de frente a una persona honesta como lo haría si tuviera una conciencia limpia? ¡En verdad, se siente como un criminal!.

Alguien dijo: "Usted puede medir una tela diez veces pero solo puede cortarla una". Piensa en este asunto de la honestidad y llegarás a la conclusión de que tobar y medir son cosas que no forman parte de la vida cristiana, son parte dela guerra que Satanás le hace a Dios. El joven que robó la bicicleta tiene que devolverla a su dueño y confesar su mala acción. Solo después de haber hecho eso podrá tener su conciencia limpia y mirar directamente a los ojos de los demás.

Cierta persona dijo: "Los dioses que adoramos escriben sus nombres en nuestras caras". A veces los demás pueden saber lo que hay dentro de nosotros observando sencillamente nuestra cara. ¿Qué muestra ella? ¿culpa, decepción y deshonestidad, o paz, serenidad y una vida buena, honesta y limpia?

Jesús siempre tuvo su conciencia limpia. Piensa en la bondad, pureza y honestidad de su vida. Dos acontecimientos son suficientes para demostrar este hecho. El primero fue el incidente que hubo entre él, los fariseos y la mujer pecadora.

Mientras Jesús enseñaba en el templo, algunos impíos líderes religiosos llevaron a una mujer pecadora y poniéndose desdeñosamente a sus pies, dijeron: "Maestro, esta mujer fue encontrada cuando esta transgrediendo el mandamiento de dios que trata de la pureza y según dice la ley de Moisés, debe ser apedreada. ¿Qué dices tú? Jesús no respondió nada, miró directamente a sus ojos y todos temblaron ante la agudeza de aquella mirada. Enseguida, se bajó, y comenzó a escribir sobre al arena los pecados que cada uno de aquellos hombres habían cometido. Curiosos, se acercaron para ver que estaba escribiendo y el resultado fue que sus ojos bajaron y sus rostros enrojecieron. Se dieron vuelta, confundidos y se fueron con el eco de las solemnes palabras de Jesús sonando en sus oídos, que decían: "El que esté sin pecado que tire la primera piedra".

¿Cómo podían aquellos hipócritas tener una conciencia limpia?" La de Jesús estaba limpia, y siempre la conservó limpia. No se sintió culpable ni una sola vez en su vida. ¿Por qué? ¡Porque nunca pecó! Por eso podía fijar siempre los ojos directamente en los de los demás.

Uno a uno, los fariseos abandonaron el templo hasta que Jesús quedó solo con la mujer, y entonces le dijo que creyera que sus pecados eran perdonados. "Vete y no peques más", le dijo bondosamente. Arrepentida y perdonada, aquella mujer se transformó en uno de los más dedicados servidores de Jesús. Los fariseos hacían circular contra Jesús las acusaciones más mentirosas que podían inventar y consiguieron, finalmente crucificarlo. Hubo falsos testigos que afirmaron ante la corte romana que era un provocador de insurrecciones, un subversivo, y que sus enseñanzas incitaban a la rebelión contra el gobierno de roma. Los líderes judíos lo declararon digno de muerte porque blasfemaba, al decir que era el Mesías, el Hijo de Dios.

Ante la primera acusación Jesús guardó silencio, pero ante la segunda, la que se refería a su relación con Dios, respondió : "¡Sí, soy el Hijo de Dios!".

Cuando lo llevaron a la presencia de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, para ser juzgado por ellos, ambos temblaron porque no pudieron mirarlo directamente a los ojos, porque se dieron cuanta de que eran ellos mismo los que estaban siendo juzgados. Sofocando la apelación de su propia conciencia, se obligaron a si mismos a condenarlo.

Herodes y Pilato quedaron impresionados con su inocencia y comprendieron que no había hecho nada malo. Se sintieron también culpables ante su presencia y les parecía que estaba siendo juzgado por el juez del universo. No podían mirarlo a los ojos. Su rostro era sereno, su conciencia era pura. Se sentían condenados en la presencia del Maestro. Pilato consintió en su condenación solo para silenciar la voz de la multitud que clamaban: "¡Crucifícalo!"

Sin embargo, el Señor continuó manteniendo la conciencia limpia incluso cuando los soldados lo crucificaron. Hasta su último suspiro se conservó inocente de todo mal. Ojalá se pueda decir lo mismo de nosotros cuando seamos acusados de la práctica de algún mal y sean falsas esas acusaciones.

Cuando llevaron a Daniel a la presencia del rey de Persia para juzgarlo, pudo mirar a los ojos del rey porque su conciencia estaba limpia y no había hecho mal alguno, ni contra la persona del rey, ni contra el estado.

No era un traidor. No había hecho nada contra su gobernante terrenal. Tenía la inocencia estampada en su cara. Y cuando fue arrojado en la cueva de los leones, el Señor envió un ángel para proteger al viejo estadista. Pero los conspiradores que habían conseguido la condenación de Daniel, porque codiciaban su posición como primer ministro, fueron juzgados por el monarca y condenados a muerte. ¿Piensas que cuando fueron condenados pudieron mirar a los ojos de Daniel?.

El apóstol Pablo tenía la conciencia limpia cuando tuvo que comparecer ante el rey Agripa y los gobernadores Félix y Festo y limpia estaba también cuando compareció en Roma ante el emperador Nerón. Su mirada era tranquila y serena, porque no había hecho mal alguno, ni contra el estado, no contra Dios, ni contra hombre alguno.

Si algún día eres llamado a comparecer ante tus padres o tus profesores para investigarte acerca de alguna mala acción ¿podrás probar que las acusaciones son falsas? ¿Tendrás el coraje de admitir el error, si realmente tienes la culpa y prometer hacer las cosas mejor en el futuro? El Apóstol Pedro dijo que si alguien tiene que ser castigado, es mejor que lo sea por haber actuado correctamente y no por haber hecho el mal. He aquí lo que dijo:

"Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para eso fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas, el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca, quien cuando padecía no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente, quien llevó ;el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia y por cuya herida fuiste sanados"( 1 Ped. 2:19-24)

La verdadera religión ejerce una gran influencia en la vida y conducta de las personas. La religión no es algo para usar solamente el sábado como la ropa que utilizamos para ir a la iglesia y que volvemos a guardar al ponerse el sol, sustituyéndola por la de todos los días.

Elena G. de White escribió que "la religión de la Biblia no es una influencia más, es la influencia suprema que permea y controla a todas y cualquiera otra. La religión de la Biblia debe ejercer control sobre la vida y la conducta. No debe ser una mezcla de colores, unas pinceladas aquí y allí en la tela, sino que más bien su influencia debe impregnar toda la vida, como la tela que se sumerge en el tinte hasta que cada trama de su tejido se tiñe de un matiz fuerte, fijo e inalterable"(Meditaciones matinales, 1959, p,220)

La verdadera religión hará de ti un hombre honesto e íntegro, tanto en tu vida de estudiante como en todo lo que hagas. Jesús te ayudará a ser honesto con tus compañeros, con Dios y contigo mismo. No te dejes engañar diciendo que cree en algo cuando sabes perfectamente que la verdad está del otro lado. Vivimos en un mundo de realidades y no de fantasías. Evita las ideas infladas acerca de tu importancia o de los talentos que tienes. Recuerda que hay otros que tienen talentos mayores que los tuyos. Dios espera que las personas sean lo que son. Imita a los demás en aquello que es bueno y no seas como el payaso que repite mecánicamente las palabras que oye. Sé verás contigo mismo y no pongas límites a eso. Practica honesta y sinceramente todos los días la regla de oro: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ello0s"(Mat. 7:12). No hay otra manera de mantener la conciencia limpia.

El poeta Edgard A. Guest, dijo:

"Prefiero fallar en mi examen antes que, por el engaño, ganar.

Prefiero quedar con mi poco antes que la conciencia ensuciar".

"¿Hay en esta sala alguien que contaría una mentira a cambio de 2 centavos?" preguntó un profesor a su clase de inglés. "¡Nunca!" respondió una alumno casi inmediatamente. "¿Y por un dólar? Continúo el profesor. Esta vez la respuesta no fue tan rápida, pero Amelia respondió. "¡No!" " ¿Y por 1000 dólares? "Bueno, respondió Alfredo, "mil dólares es una buena cantidad de dinero con la que se puede comprar un montón de cosas".

¿Qué es más importante poseer 1000 dólares o poseer una conciencia limpia? Supón que tuviera realmente esos 1000 dólares, pero que por causa de la mentira quedaras con la conciencia sucia. ¿Qué sucedería entonces? No podrías disfrutar de nada, ni siquiera del dinero, ¿no es cierto? ¡No, nunca! Tu conciencia te atormentaría permanentemente hasta que confesaras la mentira y devolverías los mil dólares. Por eso, es natural que prefieras estar en paz con tu conciencia antes de poseer todo el dinero de este mundo, ¿verdad?

La rectitud deja la conciencia limpia y le da a los ojos brillo, serenidad y paz. Pero la persona que dice una mentira y vive de otra, que tiene dos caras, es hipócrita y no puede mirar rectamente a los ojos. El traidor es como Judas que besó al Maestro para que la multitud que quería prenderlo lo identificara. Este falso discípulo pensó que estaba vendiendo a Jesús por treinta monedas de plata, pero, en realidad, se estaba vendiendo a si mismo.

"Cierto estudiante en su último año de colegio, me dijo que había copiado en uno de los últimos exámenes y añadió: "Si se lo confieso al profesor, me reprobará y no podré graduarme". Al oír eso, le dije: "No tienes que preocuparte por las consecuencias, solo tienes que preocuparte por hace tu deber. Tu deber es confesar tu deshonestidad al profesor". Así lo hizo. Cuando volvió, tenía la expresión de la alegría estampada en su cara y me dijo, contento: "Hice lo que usted me dijo. Ahora todo está bien. Mi conciencia está limpia y mi corazón en paz. El profesor va a darme otro examen". Sus ojos brillaban de satisfacción porque su culpa se había ido. Jesús le dio la victoria que necesitaba.

Un menor de San Luis, Missouri, me dijo que había robado una navaja de una tienda y me preguntó que debía hacer. "Ve a ver al dueño", le dije. "Cuéntale todo lo que hiciste y pregúntale cuanto cuesta la navaja". "Pero no tengo dinero para pagarla", respondió el muchacho. Entonces, prométele que pagarás todo si te da un plazo y prométele también que nunca más harás una cosa de esas en tu vida". El muchachito prometió que procedería así y a juzgar su sinceridad, no tengo duda alguna de que lo hizo. Nunca más lo vi, pero estoy seguro de que, si lo encontrara, lo vería derecho y con su mirada firme porque, ahora su conciencia está limpia.

Sé bueno y encontrarás que es fácil sé natural y tener entusiasmo en la vida. Cuando hables con otras personas, habitúate a mirarlas directamente en los ojos, no con insolencia, osadía o malicia, sino con firmeza, clama y sinceridad. Cuando mires directamente a los ojos de una persona, podrás hablar con más facilidad y con verdad menor con ella. Al mirar directamente a los ojos de los demás, te será más fácil ser tú mismo. Cuando dos personas se miran directamente una a la otra, es como si se dijeran mutuamente: "Usted puede confiar en mi y yo en usted. Ambos nos podemos ver uno al otro de frente y tener la seguridad de que podemos, también confiar el uno en el otro".

Cuando Jesús venga por segunda vez para llevarnos a l cielo, miraremos directamente su rostro, pondremos nuestros ojos en los suyos, y él nos mirará directamente a los nuestros sin que quedemos avergonzados o confundidos. ¿Por qué? Porque no habrá nada entre nuestra alma y nuestro Redentor, porque su sangre nos lavó de todos los pecados, y su justicia nos cubrió. Fuimos aceptados para estar entre los amados y a través de las ventanas de nuestra alma, él mirará directamente dentro de nuestro corazón y sabrá lo que amamos. Por nuestra parte, a través de las ventanas de su alma miraremos directamente el corazón de Dios y sabremos sin duda alguna que ÉL nos ama.

Será como si Jesús nos dijera: "Vengan ahora conmigo a mi casa, donde viviremos juntos para siempre. Yo los probé en este mundo oscuro y ustedes fueron fieles. Ahora puedo llevarlos a una tierra mejor, sin temor de que el pecado surja nuevamente en vuestra vida, porque fueron probados y consiguieron la victoria final. Ustedes tienen la conciencia limpia. Vengan conmigo a mi casa" ¡Qué día feliz será aquel! ¡Qué día maravilloso!

Le prometo a Dios "mantener la conciencia limpia", "tener una mirada franca" y con su gracia, voy a cumplir mi promesa. ¿Es esto lo que quieres hacer?.