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Capítulo 14

Trabajar para Dios

(IR DONDE DIOS MANDE)

Después oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?

Entonces respondí yo: Heme aquí envíame a mí" Isaías 6:8

 

Cuando era un muchacho aprendí a ir donde me mandaban para dar recados o hacer compras y me gustaba. Mi madre era viuda (mi papá murió en un accidente de elevador cuando yo tenía 9 años), y nuestra familia, compuesta de cinco personas, no hubiera tenido probablemente sus comidas con regularidad si yo no hubiera hecho tantos viajes al almacén.

"Arturo", me decía muchas veces mi mamá. "Aquí está la lista de las cosas que hay que comprar. Ve rápidamente al almacén y trae todo esto. Vete enseguida porque no puede preparar la comida hasta que vuelvas". Entonces iba, corriendo, apretando el dinero con las manos, mientras la brisa acariciaba mi cara.

Más de una vez cuando estaba jugando al béisbol con mis compañeros en el baldío lindero a nuestra casa, mamá me llamaba. "Arturo, lo siento mucho, pero necesito que vayas al almacén y me traigas algunas cosas". "¡Pero, mamá, protestaba yo, "justo ahora que me toca batear a mí! ¿No puedes esperar un poquito?" "¡Hijo, lo siento, pero necesito estas cosas inmediatamente!" Entonces, dejaba con pesar el bate, tomaba la lista y el dinero, e iba a hacer lo que me mandaban.

Se necesitaba estar dispuesto a hacer un sacrificio para cumplir algunas órdenes. Jesús vino a este mundo para realizar la tarea más difícil y pesada jamás confiada a alguien, y el camino que tuvo que recorrer fue la enorme distancia que separa el cielo de la tierra. Un día cuando llegó la "plenitud del tiempo", es decir, cuando llegó el momento determinado, le dijo al Padre: "Ha llegado el momento para que vaya al mundo a asumir la naturaleza humana. Permaneceré lejos del cielo durante un buen número de años. Espero, sin embargo, volver de esta misión, y cuando lo haga, habré logrado poner de nuevo al mundo pecador en armonía con el cielo" Lee Gálatas 4:4.

Jesús dejó su lugar al lado del Padre con el corazón triste, aunque se sentía animado con la perspectiva de redimir a un mundo lleno de pecadores perdidos. Mientras los ángeles lloraban, su querido comandante se despedía afectuosamente y partió a la lucha, con la bendita esperanza de volver con la victoria en las manos.

La virgen María dio la carne humana a Jesús y lo cuidó desde que era bebé hasta su adolescencia. Después continuó desarrollándose hasta llegar a ser un joven fuerte y ágil y finalmente, un hombre viril y noble. Cuando llegó a los 30 años, fue bautizado por Juan el Bautista y lleno del Espíritu Santo, comenzó su ministerio público que duraría tres años y medio.

Hombres malos, envidiosos de su bondad y vida piadosa, lo crucificaron. Murió como una ofrenda sobre la cruz del Calvario, pero el sepulcro no lo pudo retener. Al resucitar, proclamó su victoria sobre la muerte: "Yo soy la resurrección y la vida". Cuarenta días m’s tarde, ascendió corporalmente a los cielos. Cuando volvió de esta costosa misión, que le demandó la vida, recibió la bienvenida del Padre y la adoración de los santos ángeles. Ahora es nuestro sumo sacerdote y está intercediendo por nosotros en el santuario celestial.

Jesús ganó el derecho a ser el representante de los hombres ante las cortes celestiales. La victoria que ganó mientras cumplía el mandato que le había sido encomendado hizo posible la salvación del hombre. Va a regresar próximamente por segunda vez, vestido con vestiduras reales, para sacar de los sepulcros a los santos que duermen y junto con los vivos transformarlos, trasladarlos al cielo.

Como puedes ver, si Jesús no hubiera venido al mundo a cumplir su dolorosa misión de misericordia, no tendríamos un Salvador, y no tendríamos alguien capaz de perdonar nuestros pecados. Nuestro futuro sería negro. No habría esperanza alguna más allá del sepulcro. Nuestra salvación fue posible porque Jesús fue a donde Dios lo mandó.

Dios le dijo un día a Abraham que saliera de su casa, sin indicarle exactamente a donde ir. Abraham dejó la casa rica y confortable de sus antepasados, dejó a sus muchos amigos y salió sin saber a dónde iba. ¡Fue el primer misionero que viajó a tierras extranjeras! ¿Pensaste alguna vez en eso? ¿Por qué lo mandó Dios? Parra llevar el conocimiento de la verdadera religión a los habitantes de tierras lejanas.

Si algún día llegas a ser un misionero en tierras distantes, es posible que viajes en un avión a reacción, aunque el patriarca tubo que viajar a lomo de camello. ¿Tuvo éxito en su misión? ¡Sin duda! Sus descendientes ocuparon la tierra de Canaán,, popularmente conocida como Palestina, y se establecieron en esa amada tierra que queda en el centro y en el corazón del mundo, transformándose en testigos de Dios para toda la humanidad.

El mayor misionero en los tiempos del Nuevo Testamento fue el apóstol Pablo, que llevó el cristianismo a Europa. Cierta vez recibió una visión en la que un varón le decía: "Pasa a Macedonia y ayúdanos"(Hech. 16:9), y comprendió que era una orden divina. Respondió inmediatamente y viajó a Europa. De ese modo el evangelio penetró en ese gran continente.

Tomás fue a la India cumpliendo la misión que Dios le confió, abriendo aquellas lejanas tierras al evangelio. Dios envió a Felipe a Samaria en una misión de misericordia, y centenares de personas llegaron a ser cristianas. El Apóstol Pedro llevó el evangelio a Roma, donde entregó su vida a Dios como mártir, crucificado con la cabeza para abajo porque no se creía digno de ser suspendido en una cruz de la misma manera que lo había sido su Maestro. Ir a Roma fue para él como caminar en dirección de la muerte, pero pensaba que eso era muy poco comparado con lo que había hecho Aquel que había derramadlo su propia sangre por él y muerto pos sus pecados.

¿Recuerdas la historia de Jonás, el profeta testarudo que Dios mandó a Nínive con un mensaje, y que decidió no obedecer la orden? Dios le ordenó: "Vete allá y dile bien alto a aquellos pecadores amantes del placer, que si no se arrepienten, de aquí a 40 días la ciudad será destruida". Pero, Jonás tenía prejuicios contra Nínive porque sus habitantes no pertenecían al mismo pueblo que él y, por eso, no quiso ir a donde Dios lo enviaba. ¿Qué sucedió? Hizo exactamente lo que el Diablo quería. Dios le había dicho: "Vete a Nínive", es decir, al este, y Jonás hizo exactamente lo contrario, tomó un barco y fue hacia el oeste, en dirección a España. Satanás siempre nos manda en dirección opuesta a la de Dios.

Al tomar esa actitud Jonás metió a toda la tripulación del barco en una tremenda dificultad. Se levantó una terrible tempestad cuyas olas llevaban al barco de aquí para allá como si fuera un pesazo de corcho. El desesperado capitán imploró a sus dioses que lo libraran y le pidió a los marineros que hicieran lo mismo. Sin embargo, todo fue en vano. De modo que pensó: "Este debe ser un juicio de Dios, ¿qué podemos hacer para aplacar su ira?

Al hacer una ronda por las bodegas del barco, se sorprendió al encontrar a Jonás durmiendo profundamente, tal vez al lado de algún rollo de cuerdas: Levántate, dormilón", le ordenó enojado, "y ora también a tu Dios".

La verdad es que Jonás estaba exhausto y cansado de tanto luchar contra Dios, y hasta su mente estaba agotada en la lucha contra el deber. Al huir de Dios había quedado muy agitado tanto como quedaríamos nosotros si diéramos "coses contra los aguijones". Cuando el profeta fugitivo despertó y se dio cuenta de las violentas sacudidas del barco, confesó: "El culpable de todo soy yo. Échenme al mar y enseguida se calmará".

El capitán no quería hacer lo que Jonás le decía, pero ante la insistencia del fugitivo y en vista del peligro que enfrentaba, decidió atender su pedido y lo tiró en medio de aquellas terribles olas. Jonás estaba seguro de que moriría ahogado, pero los planes de Dios para aquel hombre testarudo eran otros. El Señor lo había enviado a Nínive en una misión de misericordia y sus órdenes debían cumplirse. En vez de caer en las aguas, como el profeta esperaba, cayó dentro de la garganta abierta de un gran pez y resbaló hacia el estómago del monstruo. El pobre hombre quedó aterrorizado al darse cuenta de lo que le estaba sucediendo.

Puedo imaginarme a Jonás esforzándose para mantenerse de pie dentro del aquel "dormitorio" que se balanceaba misteriosamente, Su cabeza tocaba al "techo"y sin duda comenzó a preguntarse: "Dónde estoy ¿ Poco a poco, fue comprendiendo que estaba en la barriga de un enorme pez, donde hasta la respiración era difícil Todo a su alrededor era oscuridad, terriblemente oscuro. "¡Dios mío, ten misericordia de mí!" Fue su oración de angustia.

Lo único bueno que se puede decir del vientre de aquel enorme animal es que significó el fin de la misión de Jonás a favor de Satanás.. Tres días después en el estomago del pez lo colocaron nuevamente en la carretera que iba a Nínive. "La salvación es de Jehová"exclamó desde aquellas profundidades (Jon. 2:9). Todos sus prejuicios raciales desaparecieron. Ahora estaba dispuesto a ir a donde Dios lo mandara.

De pronto, el aposento donde se encontraba comenzó como a encogerse y se sintió empujado por un pequeño canal hasta la inmensa garganta del pez que se abrió y lo lanzó por los aires a través de las grandes mandíbulas, cayendo en la playa bajo la ofuscante luz del sol.

Al levantarse, se sacó las algas que había sobre sus hombros. Talvez tuvo que sacar algunos pececitos de los bolsillos de su larga túnica, tal como se sacaría un muchacho una rana del bolsillo del pantalón. Probablemente se lavó en el mar y tomó el sol hasta secarse. Entonces se encaminó a Nínive, ¡Finalmente, estaba yendo a donde Dios lo mandaba!.

Con pasos arrepentidos se dirigió a aquella impía ciudad, y al llegar, la recorrió clamando con potente voz que la destrucción llegaría dentro de 40 días. La alarma corrió rápidamente por la gran metrópolis y el mismo rey ordenó desde su trono que todos los habitantes se volvieran al Señor, confesaran sus pecados y abandonaran sus malas acciones. Toda la ciudad se humilló delante de Dios. El esfuerzo evangelizador deJonás en Nínive fue el de más éxito de que se tenga noticia ¡120.000 personas se convirtieron! La misión que Dios le había dado tuvo éxito, pero, ¡que lección para Jonás! Aprendió que no vale la pena huir del deber.

Se necesitan muchachos y chicas que estén listos a ir a donde Dios los manda. "Los mayores hombres de esta tierra no están fuera del alcance del poder de un Dios que obra maravillas. Dios convertirá a hombres que ocupan puestos de responsabilidad, hombres de intelecto e influencia. Convertidos a la verdad, llagarán a ser agentes en las manos de Dios para comunicar la luz (Los hechos de los apóstoles, p , 115). Hay muchos "reyes de Nínive" que están esperando ser convertidos y quizá el testimonio de un joven que ama a dios los llevará a los pies del Señor y los inducirá a andar en la dirección de Dios.

"Hay en nuestro mundo muchos que están más cerca del reino de Dios de lo que suponemos. En este oscuro mundo de pecado, el Señor tiene muchas joyas preciosas, hacia las que él guiará a sus mensajeros. Por doquiera hay quienes se decidirán por Cristo (Ibid, 114)

En el libro Consejos para los maestros, p, 164, Elena G. de White, dice: "Podremos llevar centenares y miles de niños a Cristo si trabajamos por ellos". ¿Has pensado en conducir una escuela sabática filial, para ganar a otros muchachos y chicas? Habla con el director o directora de la escuela sabática sobre esto. Hacer mandatos para Dios te pondrá en contacto con otros jóvenes de tu edad. Recuerda que, "los predicadores, o los laicos de más edad, no tiene ni la mitad de la influencia sobre los jóvenes que los jóvenes, dedicados a Dios, pueden tener sobre sus compañeros"(Testimonios, t,1,p. 511) trabaja por los que tienen tu edad y noi olvides tampoco a los que son mayores que tú.

La siguiente promesa es muy hermosa: "E; obrero más humilde, movido por el Espíritu Santo, tocará puertas invisibles cuyas vibraciones repercutirán hasta los fines de la tierra, y producirán melodías a través de los siglos eternos"(El Deseado de todas las gentes, p. 762)

En su libro, Ideals for junior (Ideales para los menores), C. Lester Bond, cuenta que una señora que pertenecía a la familia real de Alemania, estaba muy enferma y debía someterse urgentemente a una intervención quirúrgica. Buscaron al mejor cirujano y como el resultado final dependía mucho de los cuidados personales que tuviera, buscaron también la más fiel u la más competente enfermera que pudiera encontrar y la elección recayó en una joven adventista del séptimo día. En cierta ocasión, la joven enfermera entró en su cuarto, que quedaba al lado del de la enferma, se arrodilló y le agradeció a Dios por el privilegio que tenía, pidiéndole sabiduría para usarlo en la manera más provechosa posible. El Señor llegó tan cerca de ella y llenó su corazón de tanta felicidad que, no pudiendo resistirlo, comenzó a llorar de alegría.

En ese momento sonó el timbre, y ella corrió inmediatamente al; lado de la enferma, una condesa que al notar las lágrimas en sus ojos le preguntó por qué lloraba. La enfermera respondió: "Estaba hablando con Jesús, condesa, y él se acercó mucho a mí y derramó una gota de sus bendiciones en mi corazón. Por eso se salieron lágrimas de alegría". La enferma le pidió entonces a la enfermera que la ayudara a encontrar a Jesús y ella aprovechó la oportunidad. Algunos días más tarde, dándose cuenta de que pasaría al descanso, la condesa llamó a la enfermera y le dijo: "Querida, dile a tu iglesia de Berlín que muero siendo adventista del séptimo día". Esa joven fue fiel yendo y haciendo lo que Dios le había mandado.

La fiel joven enfermera alemana nunca imaginó que tendría una oportunidad para cumplir una misión tan importante para Cristo. Pero cuando el gran Médico la llamó, estaba lista para ir a cuidad a la condesa. ¿Estás atento a las oportunidades, grandes o pequeñas, que pueden surgir mientras vas a donde Dios de envía?.

Una oportunidad es "una combinación favorable de circunstancias, un momento conveniente, o una ocasión". Los carateres que poseemos son el resultado del uso que hacemos de las oportunidades de ser buenos y de hacer el bien. "Así que"dice San Pablo, "según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos"(Gal. 6:10) La vida está llena de oportunidades para hacer el bien. Búscalas, aprovéchalas y tu vida desbordará de bondad.

Cierto día Jesús iba por las calles de Capernaún en dirección a la casa de Jairo, el líder judío. La hija de Jairo estaba gravemente enferma. Mientras se dirigía a cumplir esa misión de misericordia, Jesús se puso a propósito en el camino de otro ser humano muy necesitado, una mujer que sufría de flujo de sangre desde hace 12 años. Ella había oído hablar de Jesús y de sus obras maravillosas, y el Espíritu Santo despertó en su corazón una gran fe. Por eso, cuando el gran Médico pasó por aquella calle apiñada de gente, hizo lo imposible por acerarse a él, y tocó suavemente su vestido con las puntas de los dedos. Inmediatamente quedó curada. Jesús se paró al instante y preguntó: ¿Quién me tocó?" Ella confesó, con lágrimas en los ojos, que había sido ella la que había tocado su ropa. "Hija", le dijo él cariñosamente, "tu fe te salvado, ve en paz"(Luc. 8:48) En ese instante Jairo recibió la noticia de que su hija había muerto. Pero, Jesús le dijo: "No temas, cree solamente y será salva". Luego Jesús continuó su camino y al llegar a casa de Jairo, resucitó a la jovencita, dándole una nueva vida. ¡Que maravilloso misionero era Jesús!

Se necesita coraje, valor y desprendimiento para ir a donde Dios nos mande. La palabra coraje viene del vocablo latino "cor"que significa "corazón". Eso significa que, si quieres tener éxito, tienes que poner el corazón en el trabajo que haces.

También se necesita desarrollar la amigabilidad. Ser amigable es, en sí misma, hacer un mandato para Dios. Puedes acercar el cielo a la gente siendo amigable y simpatizando con sus cargas. "Sobrellevad los unos las cargas de los otros y cumplid así la ley de Cristo"(Gal. 6:2)

Laura era una quinceañera impresionante con esas palabras del apóstol al leerlas en la devoción matutina. Decidió practicar lo que el texto decía. Las oportunidades se le fueron presentando a lo largo de todo el día. En el aula, por ejemplo, vio a Fabiola, una jovencita que todavía tenía el corazón quebrantado debido a la muerte de su madre. En el recreo los muchachos y las chicas salieron al patio, pero Laura fue al pupitre de Fabiola, se sentó a su la do y trató de consolarla. Le expresó palabras de simpatía y amor. Fabiola, que tenía la cabeza escondida entre los brazos apoyados sobre la mesa, lloraba desesperadamente, pero pronto comenzó a sonreír en medio de sus lágrimas. Cuando la campana tocó y todos volvieron a la sala, Fabiola miró feliz a Laura y le dijo: "Muchas gracias por haberte quedado conmigo. No sabes como me ayudaste y me hiciste sentir mejor".

Aquella noche Laura le dijo a su madre: "Mamá, tenías razón hoy a la mañana. Pude ayudar a alguien a llevar su carga y me sentí muy bien. Me va a gustar más ir a donde Dios me mande que hacer cualquier otra cosa.

"El calor de la verdadera amistad", escribió Elena G. de White, "el amor que une u corazón al otro, es sabor anticipado de los goces del cielo: ( El ministerio de curación, p. 279) ¿No quieres llevar hoy esa alegría a un corazón triste y solitario?

No se necesita tener gran talento ni ser un genio para ir a donde Dios nos mande. "Los hombres que tienen un talento pueden alcanzar una clase de personas que aquellos que tienen dos ó cinco talentos no pueden alcanzar. Grandes y pequeños por igual, son vasos ilegibles para llevar agua a las almas sedientas. Haga cada uno en su propia esfera, con su propia armadura puesta, cuanto pueda en su manera humilde"(Joyas de los testimonios, t,1, p. 163)

Martín Lutero fue un hombre de diez talentos. Dios lo usó como un poderoso obrero en los días de la Reforma. Pero fue Staupitz, un cristiano casi desconocido, el que lo llevó a Cristo. Hoy se sabe poco de Staupitz, y mucho de Lutero.

El apóstol Pedro fue un hombre de muchos talentos, fue verdaderamente un gran testigo. Llevó muchas almas a los pies del Salvador, pero se conoce y se dice poco de Andrés, s hermano que fue quien llevó a Pedro al Salvador.

Todos conocen el nombre de Dwight L. Moody, el poderoso evangelista que sacudió el mundo religioso de sus días, pero ¿quién sabe algo acerca del humilde vendedor de zapatos que lo invitó a entregar su corazón a Dios?

¿Oíste hablar de Spurgeon, el gran predicador inglés? Miles de personas se convirtieron por la influencian de su ministerio. ¿Oíste, sin embargo, hablar de Roberto Eaglen, el pastor que predicó el sermón que Dios usó para convertir a Spurgeon? Una nieta de Eaglen donó las notas de ese sermón al Colegio Spurgeon, en Norwool, en Inglaterra, donde puede ser visto por cualquier visitante.

Cuando hacemos mandatos para Dios ponemos la semilla de la verdad en los corazones humanos. "Hecha tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallaréis", dice la Biblia (Ecl. 11:1) "Por la mañana siembra tu semilla y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno"(Vers. 6)

En Sudamérica, en la región del Alto Amazonas, un hermano decidió lanzar, literalmente, el pan de vida sobre las aguas. Recolecto botellas. Les puso adentro revistas y folletos con el mensaje especial de Dios para estos últimos días, las cerró bien y las arrojó al caudaloso río que las llevó al océano atlántico. Muchas fueron recogidas en tierras lejanas y se sabe, de por lo menos cuatro personas que fueron ganadas para Cristo de esa manera. E indudablemente estas personas influyeron a su vez, en otros para aceptar al Salvador. ¿Pensaste alguna vez en hacer ese tipo de trabajo misionero? ¿No es interesante?.

He aquí algunos consejos importantes para los que están dispuestos a hacer mandatos para Dios.

  1. Los que van a donde dios los manda no siempre encontrarán un camino fácil delante de ellos. Hay peligros que se esconden a la derecha y a la izquierda. Por eso may que permanecer siempre del lado del deber, en el medio del camino estrecho, porque allí el diablo no puede esconder sus trampas. Evita los desvíos del camino. Recuerda que una vida pura, una visión correcta y un blanco abnegado afirmarán tus pies y evitarán que quedes atrapado.
  2. Una lámpara no puede brillar y además salvarse a sí misma, pero el cristiano puede brillar por Jesús y al brillar, salvarse a sí mismo y a los demás. Al dar la vida por otros, estás salvando la tuya. Por eso, no huyas. Da tu vida y salvarás la tuya. Pero salvar tu vida, dándole la espalda al servicio de Dios es perderla. Ir a donde Dios nos manda es una actividad vigorizante que infunde el aliento de la vida celestial en tu propia alma y en la de los demás. Lee Lucas 16:33.
  3. El desánimo es un pecado que los mandaderos de Dios deben evitar como la lepra. Jesús dijo: "Ningún que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios"(Luc. 9:62) Soy embajadores de cristo, sois "mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí"(Isa. 43:110) ¡Qué grande y santo es ese llamado! "He aquí yo estoy con vosotros todos los días", dijo Jesús, "hasta el fin del mundo (Mat. 28:20). Jesús es el invisible "caminante"que va al lado de los que van a donde Dios los manda. Recuerda siempre lo que escribió Pablo en Filipenses 4:13: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece".
  4. Las tentaciones estarán esperándote a lo largo del camino, pero sigue adelante. No te pares a jugar con el pecado. Jugar con la tentación y el mal, es arriesgarse a perder la vida eterna. Piensa en las almas que podrás alcanzar si andas por el camino correcto. Si te detienes para tirar piedras a los perros de Diablo, te morderán, pero si los ignoras huirán con el rabo entre las patas.
  5. Recuerda que "una vida sin propósito es una vida muerta"Frances Havergal puso su cara como un pedernal para servir a Dios. He aquí una frase de uno de los hermosos poemas que escribió: "Toma mis pies y hazlos rápidos y hermosos para ti"Isaías dijo: "¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación!" (Isa. 52:7) ¡Hermosos pies! Ponte esta noche delante de un espejo y mira tus pies. No son muy bonitos ¿verdad? Pero los que van a donde Dios los manda tienen pies hermosos. ¡Dios lo dice y por lo tanto debe ser verdad!.

¿Qué sería de la vida si no tuvieras pies? Creo que hay solo una cosa que sería peor: ¡ Si tampoco tuvieras manos! Pero tu tienes brazos, manos, ojos, oídos y lengua. ¿Estás usando todas esas facultades para Dios?

¿Adónde te llevan tus pies cada día? ¿Los dedicaste a Dios? Los pies dedicados no entran en los teatros y los cines. Llevan a sus dueños a los hogares de los amigos que no conocen a Jesús y que están esperando que alguien vaya y les cuente su historia de amor.

Vivimos en una época en que los astronautas y cosmonautas viajan a través de enormes distancias con sus cohetes y naves espaciales, esperando llegar un día a Marte. Los descubrimientos de hoy y de mañana están cambiando mucho nuestra manera de vivir. El espacio está esperando ser explorado y conquistado. Aparatos espaciales hechos por el hombre, están volando hacia los distantes planetas y los eficientes cosmonautas son los misioneros del mundo de la ciencia.

Las grandes naciones de la tierra están invirtiendo inmensas fortunas en las investigaciones de proyectos cuyo propósito es viabilizar los viajes espaciales. No es necesario decir que la acumulación de tan formidable conocimiento será usado para armar a las naciones para el conflicto final del fin del mundo.

Se estudian hoy nuevas y fabulosas fuentes de energía con el propósito de llevar más lejos las fronteras del espacio.

Sin embargo, ¿qué bien permanente puede resultar de los viajes a la luna o de las excursiones a Marte? ¿Qué ventajas comerciales podrán venir, yendo a nuestro satélite? Allí no será posible practicar la minería, ni tampoco será muy apropiada la luna para servir de base militar. ¿Por qué, entonces, ir a la luna? ¿Por qué insistir en planes que cuestan tanto dinero?

Jesús nos llama a que andemos con él en la tierra, en una jornada que no nos lleva planeta alguno, sino que nos coloca delante de personas que buscan al Salvador y que quieren y pueden unirse con nosotros en el gran viaje espacial que los redimidos harán dentro de poco. Ese viaje no solo pasará por la luna, sino por todos las estrellas y terminará en el paraíso de Dios. Hoy mismo hay alguien cerca de ti que necesita la ayuda que puedes darle.

Cuando vamos a los caminos a donde Dios nos envía, estamos caminando en su plan. Por lo tanto, podemos esperar con confianza su protección y sus bendiciones. Cierta vez, cuando Elena G. de White estaba viajando en barco de Pórtland a la ciudad de Boston, se desató una terrible tempestad: Todos los que estaban a bordo se atemorizaron mucho, pero ella se mantuvo tranquila. Cuando le preguntaron por que no tenía miedo dijo que si Dios tenía todavía una tarea para ella, no habría suficiente agua en el océano para ahogarla.

Pronto el tiempo de prueba vendrá sobre el mundo. Los muchachos y las chicas que hacen mandatos para Dios estarán en plena actividad en todas partes. Habrá persecuciones, pero nada podrá impedir que los jóvenes llenos del Espíritu Santo cuenten la historia del evangelio y anuncien las buenas nuevas del pronto regreso de Jesús.

Felices los muchachos y las chicas que vivan en aquellos días de dificultades, porque serán trasladados vivos a encontrarse con Jesús en los aires. ¡Qué día feliz!.

Le prometo al Señor trabajar para él e ir al camino que me indique. Sí le prometo guardar el Voto y la Ley JA y de los conquistadores, y ayudar a otros, especialmente a los que tienen mi misma edad, a estar listos para vivir con Jesús ¡eternamente! ¡Qué fantástico será eso! ¡Qué vida rica, feliz y bella será! Esa es la vida que yo escojo vivir cuando digo. "Prometo, por la gracia de Dios...

 

 

 

 

Por la gracia de Dios es un libro escrito para ayudarle a entender mejor a Jesús y a crecer a semejanza de nuestro maravillo Señor. ¿ Se te ocurre algún blanco para tu vida mejor que llegar a ser como Jesús?

Este libro es un excelente manual para guiarte en los caminos superiores de la vida. Encontrarás instrucciones para saber como andar de manera segura y abnegada.

Al estudiar la experiencia de persona que cumplieron o no cumplieron el Voto y la Ley JA y de los conquistadores, crecerás a semejanza de Cristo. No te preocupes tanto con lo que eres, sino con lo que puedes llegar a ser, imitando a tu mejor Amigo y Salvador. Con su ayuda, el cumplimiento del Voto y Ley serán una parte de tu vida.

Este es el importante mensaje de este libro.