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Capítulo 5

"Guardare la Ley del Conquistador"

"Si guardáis mis mandamientos, permanecéis en mi amor; así como yo he guardado

los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor" Juan 15:10

 

Detente a pensar qué sería el mundo sino hubiera buenas leyes. Si no fuera por los estatutos y ordenanzas que guardan y protegen a las personas, la ciudad donde vives sería un lugar aterrador y peligroso. Si cada ciudadano pudiera hacer las leyes que quisiera y tuviera libertad para hacer lo que deseara, sin ninguna restricción alguna, la vida no sería nada agradable.

La vida sin leyes haría del mundo una verdadera selva donde las personas inocentes y buenas serían como el indefenso venado del bosque, y como los antílopes de la llanuras que sirven de presa a los tigres hambrientos, a los rápidos jaguares y a los astutos leopardos.

Si no hubiera leyes que protegieran a los muchachos y chicas, hasta sería peligroso ir a la escuela. Un criminal al acecho, manejando un veloz y potente automóvil, podría secuestrara a un joven o a una señorita para pedir rescate. Y aunque fuera capturado, no iría preso ni sería juzgado si no hubiera leyes. No habría policías que lo arrestaran. Los asaltantes, ladrones y criminales serían más numerosos de lo que son ahora. La población de la tierra pronto se reduciría. La raza podría muy bien destruirse a sí misma.

Imagínate que no hubiera leyes de tránsito, ni límites de velocidad, ni discos con la leyenda "Pare", ni luces rojas y verdes en los semáforos, ni carteles que advirtieran de cruces peligrosos, ni policías para guiar a al gente a través del tráfico congestionado, o para investigar los accidentes. Los conductores nerviosos seguirían sus propios impulsos. Los accidentes se sucederían uno tras otro en las avenidas. Miles de personas morirían.

La Ley y el orden, queridos jóvenes, son muy importantes. San Pedro dijo: "Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanzas de los que hacen bien. Porque es la es la voluntad de Dios: Que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos" (1 Pedro 2:13-15). Las autoridades "por Dios han sido establecidas" (Rom. 13:1). Las leyes existen para nuestro bien, los tribunales son centro de justicia y ciudades de refugio, y los policías son nuestros amigos. La Ley del Conquistador, con sus ocho partes, es una afirmación de los blancos cristianos que queremos que rijan en nuestras vidas. Está basada en los Diez Mandamientos, la extraordinaria ley moral dad por Dios. Cristianos experimentados han probado esta ley y han encontrado que es sabia. "Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata", dijo David, quien también exclamó entusiasmado: "¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación" (Salmo 119:72, 97-99).

David comprendía que la ley y los preceptos de Dios le daban la inteligencia necesaria para aborrecer el pecado. #De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira" (Salmo 119:104).

"El que guarda la ley es hijo prudente", dijo Salomón, y añadió: "El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable", "mas el que guarda la ley es bienaventurado" (Prov. 28:7-9; 29:18).

Una de las cosas más hermosas acerca de la gracia de Dios, es que ella nos coloca en tal armonía con su ley que difícilmente nos damos cuenta que la ley existe. Cuando la gracia de Dios opera en nosotros nace el amor en nuestro corazón, y entonces sale y se esparce en toda nuestra vida. Cuando nacemos de nuevo, llegamos a ser leales, puros de pensamiento, honestos y correctos. No odiamos ni matamos. No envidiamos ni tenemos pensamientos impuros. El carácter de Cristo se revela en nosotros. Cuando la gracia de Dios está en nuestro corazón, nuestro deseo llega a ser obedecer la ley que dice: "No hurtarás", "no dirás falso testimonio" y "no matarás". Guardamos las leyes de nuestra ciudad. Obedecemos las leyes establecidas por nuestros padres. Y respetamos las leyes de nuestra escuela.

Mantenemos nuestra promesa y obedecemos la Ley del Conquistador. Esto significa que observamos la devoción matutina, que cumplimos fielmente la parte que nos toca, que cuidamos nuestro cuerpo, que tenemos una mirada franca, que somos corteses y obedientes, que andamos con reverencia en la casa de Dios, que conservamos siempre una canción en el corazón, y que iremos donde Dios nos envíe.

Ludovico Nommensen fue, hace muchos años enviado como misionero a la tribu de los Batakes. Se cuenta que cuando entró en aquel difícil campo, los jefes le dieron solo dos años para trabajar entre ellos, tiempo que aprovechó para estudiar las costumbres y tradiciones de aquel pueblo. Después de dos años, el gran jefe de la tribu Batak le preguntó a Nommensen si había algo en la religión cristiana que fuera diferente de las enseñanzas de la de Batak. Uno de los jefes dijo: "Ustedes tienen una ley que dice ‘no hurtarás’, ‘no cometerás adulterio’, ‘no hablarás contra tu prójimo falso testimonio’. Nosotros tenemos también una ley semejante. ¿En qué es, entonces, su religión mejor que la nuestra?" Nommensen replicó: "La diferencia está en que mi Maestro me da la fuerza para guardar esas leyes".

Profundamente impresionado, el jefe respondió: "¿Me está usted diciendo que su Dios le da poder a la gente para guardar esas leyes? ¿Puede enseñarle eso a mi pueblo?" Nommensen replicó: "¡No, yo no puedo. Pero Dios puede darles ese poder si se lo piden y si escuchan su palabra".

El jefe le dio a Nommensen otros seis meses. "Demuestre que su Dios tiene ese poder", le dijo. Y Nommensen comenzó a enseñar a aquella gente, con la Biblia en sus manos y el amor de Dios en su corazón. La gracia de Dios fluyó a través de su vida. Al finalizar los seis meses el jefe dijo: "Quédese con nosotros; su ley es mejor que la nuestra. La nuestra nos dice que debemos hacer. Pero su Dios dice: "Ven, caminaré contigo y te daré las fuerzas para hacer lo correcto". Hoy hay miles de batakes que son cristianos. Aprendieron que hay un Dios que da el poder a su pueblo para guardar sus leyes.

Los chicos y las chicas que crecieron en hogares cristianos necesitan la gracia de Cristo para guardar sus leyes tanto como los no cristianos, porque ellos también son pecadores y necesitan también el poder salvador de Cristo. La prueba real surge en el hogar o en el colegio porque es allí donde la tentación para hacer lo que a nosotros nos gusta, entra en conflicto con el ideal cristiano de hacer lo que le gusta a Dios, Manténte alerta contra el impulso de andar en tus propios caminos, como bien te parece, sin hacer caso a la reglas, olvidándote que las reglas fueron instituidas para mostrarnos el camino mejor. Si piensas que las reglas son injustas, habla con los adultos que las hicieron, y trata de entender su razonamiento. En nueve casos de cada diez encontrarás que tus padres o profesores tienen la razón. Y , por supuesto, Dios siempre está en lo correcto.

Supongamos que estás en una posición de autoridad. ¡Eres ahora el padre de la casa o el director de la escuela! Tienes la responsabilidad de proteger a los niños de cualquier peligro físico. Si ocurre un accidente, ¿quién será culpado? Se espera que "construyas un muro" alrededor de los niños y las niñas y los protejas tanto como sea posible de las tentaciones de Satanás. ¿Cómo harías esto? Esa es la gran cuestión. Y no es fácil de responder. Tienes que hacer lo mejor que puedas, y hacer las reglas y leyes más sabias que sean posibles.

En algunos lugares le piden a los niños que actúen como "administradores" del hogar o del colegio durante un día. Ese día es llamado el "día del niño". Y es interesante y gratificante descubrir que los muchachos y las chicas que actúan en el rol de profesor, el director, el padre o la madre, "hacen su trabajo" tan fielmente como los mayores tratan de hacerlo.

Las leyes de Dios son la expresión de su carácter. Con esto queremos decir que las leyes de Dios nos muestran cómo es Dios. Toma la Biblia y lee los Diez Mandamientos, en Éxodo 20:3-17. Observa que cada uno de los diez preceptos sugiere un hermoso lado o faceta de su vida divina. Cada uno de ellos es como si fuera la faceta de un brillante, cuyo todo forma una joya que brilla con fulgores.

Los Diez mandamientos revelan el carácter de Dios. Cada mandamiento lleva consigo la seguridad que tanto los jóvenes como los adultos pueden llegar a ser como Jesús en ese aspecto. Por ejemplo, el séptimo mandamiento nos habla de la pureza de Dios. El octavo de su honestidad y rectitud. La Ley del Conquistador representa los principios divinos operando en la vida diaria de cada joven y jovencita.

En los capítulos 20 y 22 de éxodo, el autor de la ley se identifica a sí mismo diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre" (Exo. 20:2). Por tanto, el que dio esta ley a su pueblo fue el gran "Yo soy". ¿Sabes quién es el "Yo soy"? (Lee Ex. 3:14; Jn 8:56-59). El gran "Yo soy" es Dios, Jesús, y él es el dador de la ley.

¿Qué quería decir Jesús cuando anunció que el era el "Yo soy"? Esta expresión significa "yo estoy vivo ahora. Yo vivo. No estoy muerto, porque yo soy Dios". Él dijo: "Yo soy el pan de vida" (Jn 6:35). Y añadió: "Yo soy el buen pastor" (Jn 10:9). "Soy la Luz del mundo" (Jn 9:5). Jesús es autoexistente, el único que siempre está presente en nosotros. Jesús es Dios. Él nos habla por medio de sus leyes.

Jesús es el único que esta siempre presente para darte poder espiritual para vivir su vida y para reflejar su carácter en el mundo. Cristo es el que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto y los llevó a la tierra de Canaan. Él también nos saca a nosotros del mundo de pecado y nos lleva a nuestro hogar celestial. Si mantenemos en nuestra mente cuán firme y bueno es él, veremos que cada una de sus órdenes se transforma en una promesa. Él nos dice: "Si tienes siempre presente cuan firme soy y cuán buenas y rectas son mis leyes, nunca desearás tener otro Dios delante de mí. Si me miras, y me amas, y confías en mí, nunca tomarás mi nombre en vano, ni adorarás imágenes de oro o plata. Descansarás en mi santo día Sábado. Todas mis órdenes serán para ti una fuerza capacitadora. Yo soy el Señor que provee la gracia que puede cumplir eso". ¿No es maravilloso?

Hay detalles de la Ley del Conquistador que pueden parecer pequeños e insignificantes, pero no hay nada realmente insignificante en la Ley de Dios, ni en su Palabra. "Él que s fiel en lo muy poco", dijo Jesús, "también en lo más es fiel" (Luc. 16:10). Debemos obedecer tanto los más pequeños requerimientos de la ley como los más grandes. El amor por Jesús es la fuente de toda acción y obediencia, la única cosa que Dios acepta.

Se necesita tener espina dorsal para defender con coraje los principios espirituales; pero los cristianos tienen espina dorsal. Cierta vez, Spurgeon, el gran predicador, estaba dirigiendo una clase para muchachos. La lección de la Escritura se basaba en un versículo del profeta Daniel. Le pidió a uno de los muchachos que lo leyera en voz alta. EL joven buscó el capítulo 6, el versículo 3, parte del cual dice: "Porque había en él un espíritu superior", pero por error el muchacho leyó: "Porque había una espina superior". Los otros muchachos echaron a reír. El pequeño leyó la palabra equivocadamente, pero el error nos enseña una lección. Daniel tenía un espíritu superior; porque él tenía una espina superior. Daniel era un hombre con una excelente columna vertebral. Era fuerte y valeroso, y así deberíamos ser nosotros. Un jovencito dijo una vez que los leones no se comieron a Daniel porque era "puro espinazo".

Santiago, hijo de Zebedeo, fue degollado por orden de Herodes; Felipe, según la tradición, fue azotado, preso y crucificado; Marcos fue arrastrado por la gente de Alejandría hasta quedar hecho pedazos. Pablo fue decapitado en Roma por mandato de Nerón; Pedro fue crucificado cabeza abajo; Juan fue echado dentro de una caldera hirviente del cual Dios lo salvó milagrosamente.

Llegará el tiempo cuando será probado, por ejemplo, en la observancia del sábado. ¿Serás, entonces leal y obediente a Dios, aunque eso pueda significar, a veces, la pérdida del empleo, la cárcel y, quizás, la muerte? EL s´ptimo día es sábado para Jehová tu Dios (Exo. 20:8-11). El sábado es el último día de la semana. Él lo puso aparte como el día elegido por él mismo como descanso para el hombre. Dios es particular. Él no ha autorizado a los ministros de cualquier iglesia que lo sustituyan por cualquier otro día de la semana. El domingo no es el sábado de Dios. El domingo es el día de descanso con el cual el hombre sustituyó el sábado, sin ninguna autorización o aprobación divina. Sin embargo la mayoría de la gente guarda el domingo; por lo tanto, los que guardan el sábado son, muchas veces, considerados impopulares, aunque estén observando el verdadero día ordenado por Dios. Pero nosotros debemos continuar adelante y hacer lo que sabemos que es correcto. Elena G. De White, dijo:

"A menudo la vida cristiana está acosada de peligros, y se hace difícil cumplir el deber. La imaginación concibe la ruina inminente delante, y la esclavitud o la muerte detrás, No obstante, la voz de Dios dice claramente: ‘Avanza’. Debemos obedecer este mandato aunque nuestros ojos no puedan penetrar las tinieblas, y aunque sintamos las olas frías a nuestros pies. Los obstáculos que impiden nuestro progreso no desaparecerán jamás ante un espíritu que se detiene y duda. Los que postergan la obediencia hasta que toda sombra de incertidumbre desaparezca y no haya ningún riesgo o fracaso o derrota no obedecerán nunca. La incredulidad nos susurra: ‘Esperemos que se quiten los obstáculos y podamos ver claramente nuestro camino’; pero la fe nos impele valientemente a avanzar esperándolo todo y creyéndolo todo" (Patriarcas y Profetas, p. 295).

Dios dice que el diezmo, la décima parte de nuestras entradas líquidas, es sagrado para él. "El diezmo será consagrado a Jehová" (Lev. 27:32). El no acepta la sustitución de un vigésimo en lugar de un décimo. Lo que debemos al Señor no son 5 centavos de cada 100, sino diez centavos, además de dones y ofrendas voluntarias. "Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los Ejércitos, sino abriré las ventanas del cielo, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde" (Mal. 3:10).

Alguien dijo que "es bueno tener dinero y las cosas que el dinero puede comprar; pero, que también es bueno pararse a pensar de vez en cuando para estar seguro de que uno no ha perdido las cosas que el dinero no puede comprar". Es decir, las bendiciones de Dios.

Cuando Dios ordenó a Saúl que destruyera completamente a los amalecitas, quería decir exactamente eso. Lee 1 Samuel 15: 1-52. Los ejércitos de Israel debían ser ejecutores del juicio divino sobre aquel pueblo terriblemente impío y profano. Sin embargo, Saúl, en vez de prestar atención debida a esa orden, perdonó la vida del rey Agag y la de los mejores animales del rebaño. Después para tranquilizar su conciencia, se disculpó diciendo que quería ofrecerlos a Dios. Pero, el juez de toda la tierra le había ordenado exterminar completamente a los amalecitas, y por causa de su desobediencia, el profeta Samuel lo reprendió, diciendo: "¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en el que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como idolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey" (1 Sam. 15:22, 23).

Por lo tanto, jóvenes y señoritas, debéis ser muy cuidadosos en los requerimientos de Dios. Debéis hacer exactamente lo que te manda. Escuchar siempre y hacer lo que el profesor dice, lo que los padres dicen. No debéis sustituir nunca el camino indicado para nosotros en la Biblia o en la Ley del Conquistador por algún otro mandamiento que algún hombre diga ser del cielo. Es peligroso cuestionar a dios y sus principios morales y dejar de obedecerlo. Elena G. De White, dijo que: "Un defecto, un sólo pecado albergado, le causará al carácter lo que al barco le produce una tabla carcomida: el desastre y la ruina completos" (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 479).

Carlos M. Baiber, un misionero que sirvió en Nigeria, contó la siguiente, historia acerca de Mai Sule, un príncipe africano. "Hoy predicaré acerca del pecado", dijo. "Un hombre muy rico, construyó para sí una casa grande con una gran techo de paja muy grande. Cierto día, mientras estaba sentado en su casa comenzó a pensar: "¿Será que un palito de fósforos tan pequeño como esta sería capaz de quemar toso este gran techo? Oh, es mejor ni intentarlo. Pero, continuó pensando él, aquí tengo una calabaza con bastante agua y, si el fuego se transforma en peligro, puedo apagarlo inmediatamente". De este modo, prendió el fuego en una de las puntas del techo y cuando el material seco comenzó a quemarse, apagó rápidamente el incendio con el agua de la calabaza. "Muy bien, dijo él, esto fue más fácil de lo que pensaba, de modo que puedo hacer la prueba de nuevo". Y así lo hizo. Encendió otro fósforo y lo acercó al tejado. Las llamas comenzaron a crepitar y el fuego se extendió en todas las direcciones. Sin embargo, el agua de la calabaza fue suficiente para apagarlo. Pero, cuando el imprudente dueño de aquella gran casa con ese gran tejado de paja prendió el fuego por tercera vez y tomó la calabaza para apagarlo, vio, asustado, que estaba vacía. Las llamas se esparcieron rápidamente y devoraron toda la gran casa, quemando todo lo que contenía".

Elena G. De White dijo que Satanás "conoce mejor que nosotros el límite de su poder, y cuan fácilmente puede ser vencido si le resistimos y le hacemos frente. Por la fuerza divina, el santo más débil puede más que Satanás y todos sus demonios" (Joyas de los Testimonios, t., p.105).

Pero, si desobedecemos deliberadamente y violamos las leyes de Dios, nos ponemos nosotros mismos en las manos de Satanás, y, más tarde o más temprano nos destruirá. Ningún joven, señorita o adulto está seguro fuera de los caminos de la obediencia. Es por eso, precisamente, por lo que prometemos a Dios guardar sus santas leyes.

"Por la gracia de dios, prometo guardar la Ley del Conquistador" ¡Hagamos esta promesa y cumplámosla! (Conducción del Niño, p. 463).

Por la gracia de Dios puede operarse un cambio en nuestras vidas.