Make your own free website on Tripod.com

Inicio

Bienvenidos

Visión / Misión

Historia

Uniformes

Cursos

Boletín

Calendario

Contáctenos

Capitulo uno

"Por la Gracia de Dios"

 

"Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin

de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para

toda buena obra". 2 Corintios 9 : 8

 

 

El voto de conquistadores, es una promesa que haces a Dios desde la intimidad de tu corazón. ¿Recuerdas cuántas veces repetiste este voto al lado de la fogata de un campamento de verano, o en alguna reunión de conquistadores en el colegio? El voto de conquistadores es un voto personal y, aunque en esas ocasiones había otras personas que también participaron, la verdad es que el voto de conquistadores es un voto personal, hecho por ti mismo y que, hacerlo, es lo mismo que decir: "Por la gracia de Dios, seré puro, bondadoso y leal, guardaré la ley del conquistador, seré siervo de Dios y amigo de la humanidad".

Desde que el mundo comenzó tanto las buenas como las malas personas han estado haciendo promesas. Y Dios también las hizo. La Biblia está llena de promesas, centenares de promesas, que nos ayudan en la batalla de la vida.

Dios siempre cumple sus promesas, aunque los hombres no son tan fieles en el cumplimiento de las suyas. Tal vez tú mismo quebrantaste una o dos y sentiste remordimientos por ser infiel. ¿Por qué las personas proceden así? Porque no hacen de Jesús su fuerza. Porque no confían en su gracia. O tal vez porque no están totalmente convertidas. La gracia de Dios nos da las fuerzas que necesitamos para que nuestras promesas humanas sean confiables, y de esto hablaremos luego en este mismo capítulo.

Recapitulemos, durante algunos minutos, las experiencias por las que pasaron algunos personajes bíblicos que hicieron promesas a Dios.

"Jacob prometió entregarle a Dios el diezmo de todo lo que recibiera si él lo bendecía y protegía en el viaje que estaba haciendo, y si lo traía de vuelta, seguro, a la casa del padre. Hasta donde sepamos, cumplió fielmente esta promesa y le devolvió siempre su diezmo (Gén. 28: 1-22)

"Ananías y Safira, prometieron que darían todo el producto de la venta de una propiedad que tenían, pero, una vez hecho el negocio, guardaron una parte del dinero para sí. Faltaron a su palabra (Hech. 4: 32-5;12 ).

"Tres meses después de haber dejado Egipto, los hijos de Israel llegaron al monte Sinaí y allí, cuando Dios les dio los Diez Mandamientos, todos prometieron unánimemente, diciendo: "Haremos todas las palabras que Jehová a dicho". Sin embargo, apenas unos pocos días después, le entregaron a Aarón sus joyas para que les hiciera un becerro de oro, delante del cual se arrodillaron en adoración. Eso fue una abierta violación del voto que habían hecho a Dios" (Exd. 24: 3, 7, 8, 32 ). (Ideales for juniors, pp. 13, 14 ).

Es natural que tengas curiosidad por saber por qué los hijos de Israel quebrantaron la ley de Dios y adoraron el becerro de oro. ¡En pocas semanas pasaron de ser un pueblo que profesaba servir al Creador a ser un pueblo de idólatras rebeldes! ¿ Por qué? ¿conoces algunos cristianos que hicieron lo mismo? ¿Le has fallado tú alguna vez al Señor?

Los que viven una vida cristiana y cumplen las promesas que hicieron a Dios saben que Israel falló y pecó, principalmente debido a su ignorancia e incredulidad. Ignoraban la propia debilidad moral y no creían en el poder que Dios tenía para salvarlos. Israel pasó por muchas pruebas antes de aprender a confiar en Dios, a apoyarse en él y a obedecer su palabra.

En los Salmos 106 y 107 el rey David, el dulce cantor de Israel, recuerda cómo Israel falló en mantener las promesas hechas a Dios. En esos Salmos habla, no sólo del perdón inmerecido que le fue ofrecido, sino también de los poderosos actos practicados por Dios para salvarlos. "¿Quién es sabio", escribió David, y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová?" (Sal. 107:43) ¿ David también aprendió, a través de una dolorosa experiencia personal, cuán débil es la humanidad! Llegó a ser culpable de adulterio y asesinato porque en un momento de debilidad falló en su dependencia de Dios. Después, arrepintiéndose profundamente, suplicó a Dios: " Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo... Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia" (Sal. 6: 2-4 ).

Piensa en el impulsivo Pedro, uno de los discípulos de Jesús, y recuerda cómo trató de andar sobre las tempestuosas olas del Mar de Galilea (Mat. 14:22-33) Fue capaz de hacer lo que deseaba mientras mantuvo sus ojos fijos en el poderoso Jesús, pero comenzó a hundirse cuando comenzó a pensar en el "gran" acto que estaba realizando, cuando se dio cuenta que los vientos eran fuertes y que las aguas estaban agitadas. Sintiéndose desamparado, gritó: "¿Señor, sálvame!" E, inmediatamente, Jesús extendió su mano, y salvó al pobre Pedro de aquellas aguas embravecidas.

Al considerar estos ejemplos puedes ver que, a menos que nos apoyemos firmemente en el Señor, caeremos en las aguas del mar de la vida y nos hundiremos. Jesús es la fuente de toda verdad y justicia. Sin embargo, me imagino que algunos jóvenes estarán pensando: "Sí, pero el siglo XX es muy diferente de aquellos tiempos bíblicos. Tenemos más experiencia y más recursos para cumplir nuestras promesas que el antiguo Israel. ¡Hoy, vivimos en la edad del poder!"

¿Qué piensas de eso? La verdad es que nosotros necesitamos la gracia de Dios tanto, o aún más en esta edad del poder, que lo que la necesitaron los famosos hombres y mujeres de los tiempos bíblicos.

Es cierto que el siglo XX es la edad del poder, del poder magnificado. Desde comienzos del siglo pasamos, desde la era de las máquinas que hacen el trabajo del hombre, a la era de la electrónica que casi piensa por el hombre. Los aviones a reacción, los misiles, y los artefactos espaciales dominan los intereses de los hombres. La edad atómica llegó. La edad nuclear está ya aquí. La edad espacial está desarrollándose. ¡La próxima edad será la edad de oro cuando Jesús será el Rey de reyes!

Es cierto que el hombre tiene más poder hoy que el que tenían los hijos de Israel, pero el poder de la bondad está todavía solamente con Dios. Llevar a cabo nuestras mejores resoluciones es ahora una posibilidad, pero sólo con Dios. ¡Todos los misiles del mundo no tienen suficiente poder para hacer que seas bueno, ni siquiera por un día! ¡Pero podemos mantener las promesas que hacemos a Dios si nos dejamos transformar por su maravillosa gracia! Y por eso es que decimos, cuando hacemos el voto de conquistadores: "Por la gracia de Dios, seré. Y al decir: "Por la gracia de Dios", queremos decir: "Por su poder".

Tomás Edison, el inventor de la lámpara eléctrica, acostumbraba decir a sus ayudantes de laboratorio: "Hay una manera mejor de hacer esto, descúbrala". Edison fue uno de los hombres más perspicaces que jamás vivieron en este mundo. Lo llamaban "el mago de Menlo Park". El mundo nunca conoció otro inventor igual a él. Vivía buscando constantemente un filamento mejor para la lámpara que había inventado, un perfeccionamiento en el campo de la cinematografía, o un nuevo uso para la electricidad. Trabajaba de día y de noche en su laboratorio para descubrir una mejoría en cualquier cosa por pequeña que fuera. Literalmente hablando, su credo parecía ser: "¡Si puedo, voy a descubrir una mejor manera de hacer brillar mi luz!"

Los sinceros esfuerzos de Edison deberían "encender una luz" en la mente de cada joven y señorita. La forma de cumplir nuestras promesas a Dios es mantener la luz alumbrando en nuestra vida, y esa luz es Jesucristo. La gracia de Dios es el poder que el Señor nos da para iluminar nuestra vida, para que podamos brillar como la lámpara incandescente de Tomás Edison. El poder de Dios pude ser comparado con la electricidad que pasa por el "filamento" de nuestra vida e ilumina el mundo, así como iluminó la primera lámpara de Edison.

Sin embargo, conviene recordar que la presencia de Dios no es algo que poseemos por naturaleza. La recibimos de Dios como un don dado por gracia. No merecemos ese don, pero él nos lo da porque nos ama mucho. "La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo", dice Juan (Jn. 1:17). Pablo afirma que la gracia de Dios es suficiente (2 Cor. 12:9). Al joven Timoteo le escribió: "La gracia de nuestro Señor fue más abundante" (1Tim. 1:14). El apóstol nos asegura también que, "poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia"(2 Cor. 9:8). La gracia de Dios es por lo tanto, amplia, y Dios es capaz de salvar al más débil de nosotros.

Cuando naciste, Dios te dotó de fuerzas físicas e intelectuales. Es la vida y fortaleza de Dios lo que hace posible que emboques el balón en el cesto, que subas una escalera en vez de tomar el ascensor, que cortes la hierba del jardín, y hasta que laves los platos. Estas fuerzas físicas e intelectuales provenientes de Dios son las que te dan la capacidad de usar tus músculos y de realizar las mayores hazañas físicas.

A través del cerebro que Dios te dio, eres capaz de memorizar porciones enteras de la Biblia como por ejemplo, el capítulo 14 de San Juan, o el salmo 23, o de resolver problemas de matemáticas y estudiar y retener tus lecciones de historia, porque tu cerebro está capacitado para esos ejercicios.

Y de igual modo es verdad que, "por la gracia de Dios", puedes guardar el voto de conquistadores y ser puro, bondadoso y leal. La única diferencia que existe entre las fuerzas físicas e intelectuales, y las fuerzas espirituales, es que las dos primeras son innatas, es decir, nacieron contigo, y esperaron, solamente, como ya dijimos, el momento para desarrollarse de manera correcta; mientras que las fuerzas espirituales las recibes sólo en el momento del nuevo nacimiento, es decir, cuando te entregas a Jesús.

Sin un renacimiento espiritual no vas a ser diferente de cualquier persona de este mundo, porque la transformación interna de la vida es la que muda los hábitos de una persona, y no puede haber un cambio de hábitos si no hay un cambio interno en el corazón. Jesús dijo: "Todos tienen que nacer de nuevo" (Jn 3:7, versión Dios habla hoy).

Unicamente la gracia de Dios puede hacer que cualquiera de nosotros llegue a ser diferente de lo que somos. Así como el etíope no puede cambiar su piel, ni el leopardo las manchas de su cuerpo, así tampoco puede el pecador hacer alguna mudanza en sí mismo. Sin la operación del poder de Dios en la vida, no puedes ser puro, bondadoso y leal. "Nacimos de espaldas a Dios y al cielo", dijo un famoso predicador, "y con la cara dirigida al pecado y al infierno, hasta que venga la gracia, y nos convierta, dándonos vuelta".

Elena G de White, la mensajera del Señor, escribió lo siguiente: "La vida del cristiano no es una modificación o mejora de la antigua, sino una transformación de la naturaleza. Se produce una muerte al yo y al pecado, y una vida enteramente nueva. Este cambio puede ser efectuado únicamente por la obra eficaz del Espíritu Santo" (DTG,p. 143).

En cierta ocasión, en Ashton Idaho, Estados Unidos de Norteamérica, un gran alce atacó a una locomotora que avanzaba lentamente por una región cubierta de nieve. Cuando el maquinista lo vio, el animal estaba exactamente en medio de los rieles, al lado de los cuales había un gran barranco. Inmediatamente detuvo el tren, pero el alce enfurecido comenzó a atacar a la poderosa máquina, golpeándola con sus patas delanteras. Después, retrocedió un poco y volvió, golpeándola fuertemente con los morros. Finalmente, después, de haberse sin duda golpeado bastante, el pobre animal se apartó y regresó al bosque.

Cuantas veces nosotros también, como aquel alce, "atacamos" nuestros pecados y nuestras debilidades con nuestras propias fuerzas, sin lograr arañar siquiera nuestros malos hábitos.

Pablo, el poderoso maestro y misionero, nació de nuevo. Se convirtió. La gracia de Dios penetró en su vida y fue fortalecido por su gracia. Más tarde dijo, triunfalmente: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4:13). El apóstol no dijo que podía "algunas cosas", ni "muchas cosas", sino "todas las cosas". La gracia de Dios transformó ,su vida de perseguidor de los cristianos a uno de los mayores predicadores del evangelio de la iglesia primitiva. Pablo fue el primero en sacrificios, el primero en hazañas y el primero en triunfos del evangelio. "Por la gracia de Dios soy lo que soy", dijo él en 1 Corintios 15:10.

Como todos los seguidores victoriosos del Señor que vivieron antes de él, Pablo conocía tanto sus limitaciones como el ilimitado poder de Dios, y con esa firme convicción dijo: "Yo sé que en mí, esto es, en mi carne , no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo... veo otra ley en mis miembros que... me lleva cautivo a la ley del pecado...¡miserable de mí! ¿quién me librará de ese cuerpo de muerte? (Rom. 7:18,23,24).

Respondiendo a su propia pregunta, el apóstol escribió: "Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro" (Rom. 7:25). Al sentirse desventurado debido a sus debilidades, Pablo se hizo fuerte al pensar en Jesucristo y comenzó a orar, pidiendo que la gracia de Dios penetrase en su vida.

¿Te gustaría que esa misma gracia divina llenara tu propia vida y te diera las fuerzas que necesitas para guardar las promesas hechas a Dios y para ser fiel a tu voto de conquistador?

Tal vez te hallas esforzado mucho para vivir una vida cristiana, pero no has observado todavía algún resultado. La primera parte del voto tiene el propósito de enseñarte que por la gracia de Dios puedes cambiar tu vida. Al ser un cristiano de verdad, lograrás hacer tus tareas mejor que antes. ¿Recuerdas el lema de Tomás Edison? "¡Hay una manera mejor de hacer eso, descúbrala!" Sí, existe siempre una manera mejor que no es solamente la mejor, sino la única.

San Pedro descubrió cual era esa manera y la mencionó cuando lo interrogaron ante el concilio. Aquí está su gran fórmula: "En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hech. 4:12). Lo que quería decir, era que solamente por la gracia de Jesucristo pueden los hombres ser salvos.

Cierta vez le preguntaron a Juancito: "¿Qué es la sal? Y él respondió: "La sal es lo que estropea el sabor de las papas cuando no se la pone".

¿Qué es religión?, preguntó un ministro: "Es lo que estropea la vida cuando se la deja de lado, cuando no se la usa". ¿Qué es religión? ¡Es Cristo! ¿Y quién es Cristo? Es la luz del mundo: Déjalo afuera y quedarás en la oscuridad. Es el pan de la vida; déjalo y quedarás con hambre. Es el agua de la vida; déjalo y quedarás con sed. Es la puerta de la esperanza; déjalo y quedarás desesperado. ¡Imagínate cuán terrible sería andar por la vida sin Jesús!

En el histórico valle Mohawk, en los Estados Unidos de Norteamérica, hay una placa a la orilla del camino que dice: "Dijo Jesús: Yo soy el camino la verdad y la vida".

 

"Sin el camino, es imposible andar.

Sin la verdad, es imposible saber.

Sin la vida es imposible vivir.

Tenemos que recurrir al nombre de Jesús y pedirle a Dios que derrame su gracia sobre nosotros. El Señor nos salva, si se lo pedimos. El nos perdona por su gracia y nos da un corazón nuevo. He aquí su promesa:" Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra". (Eze. 36:26,27).

¿Sientes necesidad de la gracia y del poder de Dios?

¿Quieres un corazón de carne, blando y nuevo? ¡Jesús te está esperando! Haz con sinceridad, la oración que hizo David: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí" (Sal. 51:10), y ten la certeza que Dios te va a responder.

Todos nosotros somos pequeños, indefensos y dependientes de Dios, pero, cuando comprendemos esto y le pedimos a Jesús que nos salve, él extiende sobre nosotros su fuerte y poderoso brazo y nos salva de nuestros pecados.

Se cuenta que un hombre blanco le pidió a un indio, cuya vida había sido transformada por la gracia de Dios, que le explicara cómo había sucedido eso. Al no encontrar palabras adecuadas para describir el cambio que había experimentado, el indio trató, en su sencillez, de ilustrarlo de la manera que encontró más apropiada. Le pidió al hombre blanco que fuera con él al bosque, juntó algunas ramitas secas y las colocó en forma de círculo. Después, tomó un gusano, lo colocó en medio del círculo y, finalmente, prendió fuego a las ramitas, dejando al pobre animal cercado por el fuego por todos lados. Al sentir el calor, el infeliz gusano comenzó a hacer todo lo posible para escapar, yendo de un lado al otro sin encontrar alguna brecha por donde huir.

Finalmente, la pobre criatura, pareciendo comprender que todos sus esfuerzos eran vanos, se dirigió al centro del círculo y se estiró para morir. En aquel momento el indio alargó su brazo, tomó al gusano y lo sacó de allí. Luego, volviéndose hacia el hombre blanco le dijo: "Eso acontecer con indio. Todo a mi alrededor era fuego, y indio esforzarse mucho para salvarse. No poder encontrar paz. Entonces, Jesús extender su brazo y salvar indio con mano poderosa". Jesús " puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios" (Heb. 7:25). Por su poder, nos saca del círculo de fuego del pecado de este mundo y nos salva de los malos hábitos del mundo y de la destrucción en el lago de fuego. Por la gracia de Dios somos librados y, por esa misma gracia, nos mantenemos a salvo de los malos hábitos que teníamos antes.

Algunas personas "quieren hacerse ver" por medio de placeres tontos. Quieren ser populares, comienzan a beber y a fumar para ser como los demás. Hay otros que "quieren hacerse notar" por medio de sus emociones y de sus temores y supersticiones. Muchos son esclavos de las más variadas formas de vicios secretos. No desees "hacerte notar" de esa manera porque esa manera es inspirada por Satanás. Jesús promete libertarnos de todas estas debilidades y darnos la alegría de vencerlas. La Biblia dice:"Resistid al diablo, y huirá de vosotros" (Sant. 4:7).

En cierta ocasión interrumpí a un señor que estaba pintando una casa y lo dejé sorprendido con la invitación que le hice para entregar a Dios su hábito de fumar. Me dio la cajetilla de cigarrillos y la caja de fósforos que tenía consigo y, después de la oración que hicimos juntos para pedirle a Dios que lo salvara de aquel vicio de treinta años, me dijo con una convicción muy fuerte: "¡Gané la victoria!" Ya pasaron siete años y este hombre nunca más tocó un cigarrillo. La gracia y el poder de Dios operaron en él una transformación tal que fue un verdadero milagro.

Una señora de 90 años, que había fumado durante setenta, entregó su corazón a Jesús y fue bautizada en nuestra iglesia. La gracia de Dios fue suficiente para liberarla de aquel vicio tan dañino. Y si Dios pudo salvar a esta anciana señora de los setenta años de esclavitud del vicio, no hay duda alguna que puede también, y con mucha más razón, salvar a un joven cuya vida no fue todavía manchada a tal grado por el pecado. Alabado sea Dios por la gracia que podemos recibir a través de nuestra fe. El está esperando solamente que tú la pidas.

Las dos palabras "Yo quiero" son extremadamente importantes para poder vivir a la altura de las promesas que hagamos a Dios. El nunca te dará su gracia, a menos que tú la "quieras" recibir y, para recibirla, es necesario que la pidas a Dios. Decir "Yo quiero" tu gracia, es lo mismo que decir "Yo puedo" recibirla. Es necesario que tú mismo tomes la decisión de, no solamente creer en Dios, sino también de obedecerle.

Eres una persona moralmente libre y tienes el poder de hacer tus propias elecciones. Dios no hizo de ti una máquina, sino un ser pensante y racional. Siéntete, por lo tanto, feliz, porque Dios, te ha dado este poder de decisión y, por la gracia de Dios, sé lo que quieres ser, y has lo que quieres hacer en la vida. Este poder de decisión propia trae aparejado la responsabilidad de hacer elecciones sabias, porque solamente esas elecciones te llevarán al cielo y a la vida eterna; y, además, llevarás a otros a la vida eterna debido a tu propia influencia.

La gracia de Dios hace por ti solamente aquello que tú mismo no puedes hacer por ti mismo. Aunque es verdad que no puedes cambiar tu propio corazón- sólo Dios es capaz de hacerlo- , puedes y debes dejar que los impulsos de un corazón convertido te digan qué hacer, y día tras día elijan proceder correctamente y obedecer a Dios. Esto significa que cada vez que tengas que enfrentar una decisión, necesitarás tomarla de acuerdo con lo que tu corazón y tu conocimiento de la palabra de Dios dicen que es correcto.

Después de todas estas consideraciones, esperamos que puedas ver con más claridad el significado de la expresión: "Por la gracia de Dios".

Necesito cada hora de Dios!"

Sin su gracia, ¿qué puedo hacer?

¡Padre eterno, llévame a los cielos!

¡Ven, ahora, a vivir conmigo!